Bueno Waldo, ahí va el final de la historia por si te interesa, cuando tengas un rato entre güé y güe.
EPÍLOGO
A las 19:00 un hombre se encuentra apostado en la azotea del edificio Winterthur en el Paseo Marítimo de Palma. Lleva consigo un rifle de precisión con silenciador y mira telescópica. Desde que el chico salió de su casa, los acontecimientos se han ido sucediendo con una exactitud milimétrica tal y como venían descritos en el informe transmitido al hombre de la habitación del hotel. A las 21:20 el hombre, agazapado contra una de las paredes de aquella terraza, carga su rifle y ayudado de la mira telescópica, rastrea su blanco por todo el paseo marítimo. Faltan solo 3 minutos. Blanco localizado, aún sigue con la chica que en ese momento hace gestos con la mano porque acaba de ver a su amiga, se levanta y va hacia ella. 2 minutos. Ahora el chico está solo, pero hay demasiada gente paseando, el riesgo es alto. Hay que esperar el momento exacto. La chica sigue hablando y su novio espera sentado pacientemente. 1 minuto. Mil pensamientos atraviesan la cabeza del tirador, a pesar de lo cual se mantiene en su actitud fría y concentrada. Lo hará. No le queda otra salida. Aparta la mirada del visor del rifle y baja la cabeza en busca de un trapo con el que secarse unas gotas de sudor que le resbalan por la frente. Recupera la posición. Ahora ya no pasa nadie cerca del muchacho, hay una distancia de por lo menos 10 metros con respecto a la persona que se haya más cercana a él. En la soledad y silencio absoluto de la azotea, es capaz de sentir el retumbar de su corazón a un ritmo increíblemente lento pero tan fuerte que parece luchar por escapar de su tórax. Las 21:23…. El sonido de un disparo sordo y seco corta el aire, atravesando casi un kilómetro para ir a parar al parietal derecho de ese pobre chico de 17 años. Cae fulminado sobre el banco, de costado con los pies colgando como si se hubiese quedado dormido. No hay alarma ni pánico. Su novia, ajena a lo sucedido, sigue charlando con las amigas.
El arma descansa con la culata apoyada sobre el suelo de ladrillo. El ahora, asesino de la azotea, está de pie con los brazos algo separados de su cuerpo y las palmas de las manos apuntando hacia arriba, sumido en un trance que ya le es familiar y característico cada vez que concluye una misión. Cierra los ojos, hace una inspiración profunda como si quisiera captar la fragancia de un perfume lejano y echa su cabeza hacia atrás, alzando la barbilla al cielo. Cientos de imágenes ruedan por su cabeza como en una tira de carrete de película a una velocidad vertiginosa. Imágenes efímeras y algo borrosas de la vida del chico que acaba de matar. – su licenciatura en la universidad – solicitudes y rechazos de primeros empleos, entrevistas – Mudanza a Madrid con su novia – afiliación política – ruido de muchedumbre de fondo – triunfo en las elecciones – aplausos, risas enlatadas – boda – un salón con 6 hombres ataviados con turbante, hay un portátil sobre la mesa que muestra la señal de un satélite en la pantalla – risas – un cheque con varios ceros – más risas – X9BJR12 – códigos de acceso – una pantalla de radar que muestra 2 puntos en movimiento – un letrero rojo intermitente “ALARM” !!!! –……
….El estruendo terrible y escalonado que retumba dentro de su cabeza le hace fruncir el ceño y apretar los párpados aún con más fuerza. En su mente visiona un primer plano de la enorme seta de humo producida por la descomunal explosión, y tras ella la secuencia de imágenes se desvanece por completo.
Cientos de recuerdos futuros, acontecimientos que jamás sucederán, al menos por esta vez. Una rama del destino de la humanidad eficazmente podada, y aniquilada toda posibilidad de que llegue algún día a florecer. Soy el jardinero del destino de la humanidad – se dice el hombre, que ha vuelto a abrir los ojos y sonríe, soltando un soplo de aire por la nariz. – quién sabe dónde me levantaré mañana o la semana que viene o si existiré siquiera. ya saben lo que dicen de mi Jefe, ¿verdad? Que sus caminos, son inescrutables….
Con su naricilla pegada a la ventana, el pequeño Lucas de 5 años de edad observa cómo pasan los coches por el Paseo Marítimo, siete pisos por debajo de sus piececitos desnudos. Atraído por el destello de un pequeño fogonazo, alza la vista sobre la azotea de uno de los edificios colindantes y por un momento cree ver la silueta de un enorme pájaro desplegando sus alas en ese gesto como de desperece tan típico de las aves, antes de volver a replegarlas sobre sus flancos, y desaparecer en la oscuridad de la noche.
Dedicado especialmente a mi madre y a todas las madres del mundo, por ser nuestras Ángeles de la Guarda y no utilizar métodos tan drásticos cuando saben que nos apartamos del camino correcto.
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