Una advertencia: navegar por Internet es arriesgado y peligroso. Y no lo digo solo por el spam que colapsa tu correo cada vez que reenvías esos mails de “la buena suerte”, ni la visita a páginas de moralidad distraída con la consiguiente invasión de virus troyanos, ni tampoco esas ventanas que se te abren y te preguntan si quieres ver a Kournikova en pelotas cocinando una paella. Tú, lógicamente (no me seáis cínicos) clickas que sí y acto seguido quedas automáticamente conectado a un 906 de tarifa no apta para cardíacos. No. Eso son solo minucias, el peligro de la red es mucho mayor y está ahí afuera. Aguardándonos a todos.
El peligro se llama Google. Cinco minutos en Google equivalen a tres horas en el Corte Inglés leyendo las contraportadas de las publicaciones en la sección de libros. Hoy mismo he conocido al señor Pudder gracias a este buscador, apareció frente a mi pantalla mientras buscaba una frase del refranero español. Ya sabéis, una de esas apuestas tontas entre amigos. Hay que reconocer que Google utiliza un sistema de selección de búsqueda de lo más curioso. Por ejemplo, si tecleas la palabra “corrida”, es muy probable que tardes 128 búsquedas en ver una plaza de toros. Curioso. O tal vez sea que la máquina está empezando a conocer al ser humano. Pero claro, realmente no hay manera de que mi ordenador sepa si el que ha tecleado esa búsqueda es Fran Rivera o Nacho Vidal.
El señor Pudder es en realidad un subproducto de las famosas leyes de Murphy y afirma que “todo lo que empieza bien, acaba mal y todo lo que empieza mal, acaba peor”. Es esta última parte de la afirmación la que me tiene con el corazón en un puño. El 2007 ha empezado de puta pena y siento escalofríos solo de pensar que la frasecica del tito Pudder pueda albergar la más mínima base científica.
Todo comenzó a mediados de diciembre, tuvimos que hacer obras en los dos baños de casa y a la vez. El vecino de abajo se quejaba de goteras, nosotros le íbamos dando largas hasta que un día subió y nos dijo muy serio que o arreglábamos nuestras tuberías o se iba ahora mismo al Instituto Geográfico Balear a dar de alta el riachuelo que le caía por la pared de su baño, como nuevo río mallorquín.
Al día siguiente vino el jefe de fontaneros del seguro a mirar los baños y estimó el tiempo de obra en dos días. Era el 17 de diciembre. Cuatro días más tarde se presentaron cuatro tíos como cuatro templos; unos pibes argentinos para más señas. Yo pensé – coño, esto lo arreglan en un par de horas!! No podía estar más equivocado. Desmontaron los baños al completo, sin lavabo, ni azulejos y nos dejaron en medio de aquella cueva urbana una única taza para poder por lo menos acordarnos de sus respectivos padres cada vez que la utilizáramos. y es que estuvimos en esa situación hasta principios de enero. Creo que llegaron a despertar en mí algunos de los instintos neandertales de esos que afirman que ya perdimos hace mucho tiempo. Ya sabéis cómo va esto: el fontanero no trabaja hasta que el de los azulejos haya hecho su parte y el albañil no puede pintar y enyesar hasta que el fontanero haya terminado, y así se van pasando la pelota unos a otros. A día de hoy, hay un baño terminado y al otro le falta la ducha y el lavabo. Le he pedido explicaciones al jefe de obra y él ni corto ni perezoso se ha excusado en los imprevistos que han ido surgiendo y han provocado el retraso. Yo alucinaba – Dos días para tapar unas goteras y veinte días después, aún no está acabado el trabajo?!! Imprevistos?? Pregunté extrañado. – es que habéis encontrado un yacimiento inca bajo el retrete o qué?! La madre que lo parió.
Aquí no acaban las desgracias. El sábado pasado de madrugada, tuvimos un accidente de coche. Jesuke, ahórrate el chiste porque conducía Pipe. Estábamos parados en el semáforo de avenidas a la altura de la gasolinera. Nos dirigíamos a la Croisantería Mallorca a tomarnos un cafetico cuando un empanado mental nos dio por detrás, aunque suene feo, pero es así. Ni frenazo, ni derrape, ni nada. Un golpe seco que transformó el Hyundai Lantra de Pipe en el primero de su modelo sin maletero, enviándolo directamente al cementerio de coches y a nosotros al infierno de Son Llátzer. Si alguna vez tenéis un accidente, ni se os ocurra presentaros en ese hospital. Muy grande, muy nuevo, muy bonito pero con una atención al paciente que es como la de un bar de carretera en hora punta de camioneros. Después de tres horas de espera, nos recibió el médico en una sala, también tenía acento argentino – joder. Esta isla cada vez se parece más a Buenos Aires!-. La conversación con aquel matasanos no tiene desperdicio:
Doctor: – Cómo van chicos? Qué les pasó?
Nosotros: – tuvimos un accidente con el coche, nos dieron por detrás.
D: – (con cara de reprimir el chiste) ¿Han vomitado?
N: – no.
D: – ¿Tenés la sensasión de que perdés la visión cuando se levantan?
N: – No. Pero nos duele bastante.
D: – (Palmadita en la espalda) Entonses, les ponemos un cosharín a los dos y un par de inshecsiones en el pompi, y listo!
N: – ¿No nos van a hacer una radiografía por si tenemos algo?
D: – Che boludo, qué va!! Son jóvenes. Si tuvieran 60 años como sho, otra historia, viste? Pero ustedes….
Increíble. Y luego dicen que España es un país desarrollado. Esto es de denuncia de juzgado.
Bueno, el caso es que salimos del hospital el Pipe y yo con sendos collarines encasquetados y cojeando como un par de gays que hubiesen confundido la noche anterior la vaselina con la gomina del pelo. Cuando vamos juntos por la calle, parecemos una pareja cómica de los 80. Pipe no me deja que camine a su lado y me mantengo siempre dos pasos por detrás.
Nuestra siguiente intentona en nuestra campaña “Queremos un trato humano, que nos hemos hostiao, coño!!” fue la Policlínica Miramar. Otro mundo. Más rapidez, mejor atención, radiografía y diagnóstico detallado en apenas una hora. Da gusto tratar con profesionales que se preocupan de verdad. Aún hicimos una última visita a nuestro médico de cabecera, el cual nos ha firmado la baja laboral de inmediato.
Dios dirá hasta cuando. Solo os digo, que si habéis tenido los güevos de llegar al final de este soporífero post, os ha hecho cierta gracia leer nuestras desgracias y sobre todo, si os sentís afortunados; no olvidéis y tened muy en cuenta el teorema de Boling “si se encuentra bien, no se preocupe, se le pasará”.
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